Saturday, April 21, 2007

1999

Tal vez algún día dejaré de robarme las palabras de otros (y revisar otro medio de información además de La Jornada. En mi defensa diré que es posible revisar ediciones de dicho periódico a partir de febrero de1996; en el caso de El Universal, a partir de octubre del 99; Reforma.com me pide ser suscriptora). Mientras tanto, extractos de un par de opiniones publicadas a finales de abril de 1999.

Horacio Labastida
Universidad, autonomía y cuotas

[...] por lo cual educación connota una función sine qua non que el Estado debe cumplir y financiar, pues de no hacerlo se registraría una infracción inadmisible en la concepción misma del Estado.

¿De qué manera pone en marcha el Estado esos deberes para con la educación? Puede hacerlo directamente a través de escuelas primarias o superiores, autorizarlas a particulares o bien por medio de instituciones autónomas, formas estas bien representadas en el Politécnico, Universidad Iberoamericana y la UNAM, en el caso de México, cuyos trabajos concretan una función estatal en el marco del propio Estado; sería incoherente suponer que la autonomía implica desprendimiento del Estado porque tal suposición admitiría que las universidades autónomas son Estados dentro del Estado, pero semejante dislate obliga a reflexionar lo que la autonomía significa.

[...] Por tanto, autonomía significa libertad frente a cualesquiera poderes políticos y económicos que buscan subordinar el saber a sus proyectos parciales, y de ninguna manera desligamiento de las funciones del Estado, entre las que cuenta, repetimos, la impartición y el financiamiento de la educación superior, sea directa o autónoma; la autorizada a particulares queda a cargo de éstos en lo que se refiere a costos administrativos.

[...]y en el caso de México hay además de la teoría, el ordenamiento constitucional de la fracción IV del artículo 3¼, cuyo texto establece la gratuidad de toda la educación que el Estado provee, y como la UNAM es parte de esta educación, resulta absurdo suponer que por autónoma no es gratuita; cobrarla por la vía de cuotas es inconstitucional.

Argumentar por último, que la gratuidad de la citada fracción IV sólo abarca las enseñanzas primaria y secundaria porque son obligatorias (primer parágrafo del artículo 3¼ constitucional), es apoyarse en el absurdo. Una cosa es la obligación del Estado de educar en todos los niveles, en forma gratuita, y otra la obligación que los mexicanos tienen de instruirse en los grados primario y secundario; ésta es obligación de las personas y aquélla un deber del Estado que se corresponde con sus supremas funciones. Decía José Ortega y Gasset que esclarecer un problema es prácticamente resolverlo, y la intención de mi artículo es contribuir a ese esclarecimiento en la crisis que hoy afecta a la UNAM, con la ilusión de ayudar a resolverla.


Luis González Souza
Estudiar bien: la mejor cuota

Si todos estudiáramos bien, México sería el gran país que debería ser. Pero no todos estudian bien. Unos, la inmensa mayoría, simplemente porque ha quedado al margen de la universidad. Otros, porque llegan a ésta con tal cúmulo de carencias (incluso nutricionales), que les resulta imposible estudiar bien. Y otros más, la minoría, porque se dedican a estudiar mal, bajo una idea mercantilista de la educación: conocimientos para la producción de dinero y poder personal, y no para la formación de personas útiles a la sociedad. De hecho, una educación mercantilista, y peor aún extranjerizante, es lo que distingue cada vez más a las elites gobernantes de México. Por eso, a final de cuentas, el país tiende a desmoronarse.

Todavía hoy, la UNAM es el mejor lugar para estudiar bien, en un sentido no técnico, sino social. [...] En vez de ello, las autoridades confunden a la UNAM con una más de las universidades-negocio que ya pululan en México, con los daños correspondientes. Hacen tabla rasa de los verdaderos problemas de la UNAM, que en rigor ya exigen toda una operación de rescate. Buscan limitar el debate al problema financiero. Y, para colmo, enfocan su solución de una manera superficial e injusta: ¡Que paguen más cuotas los estudiantes! Luego se indignan por la respuesta estudiantil, y vuelven a la carga: ¡Cárcel (o casi) a los revoltosos-haraganes-huelguistas!

Se supone que las autoridades de la UNAM representan lo mejor del pensamiento universitario. Lo cierto es que no han sido capaces de evitar el deterioro de esa institución tan preciada para la nación entera. Más bien han contribuido mucho a su debacle, comenzando por no entender lo más elemental: en otros lados quién sabe, pero en la UNAM, estudiar bien ­y no pagar más dinero­ es la mejor manera de retribuir a México. Si lo dudan, que le pregunten a la sociedad. Para eso están las consultas, y para eso es la democracia.

La pregunta sería muy simple: ¿Es preferible que los estudiantes estudien bien o, mejor, que paguen más colegiatura? Y tal vez convendría agregar otra: ¿Estudiar bien significa ser útiles al país, o leerse muchos libros en inglés? Otras más: ¿Puede prosperar la UNAM bajo una conducción mercantilista? ¿Puede prosperar México sin por lo menos una institución como la UNAM? Aquí y ahora: ¿La UNAM se salvará reprimiendo a los huelguistas, o más bien reeducando a las autoridades en los valores de la democracia y en el amor por México?

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